Mi recorrido
Mi trayectoria profesional comenzó hace más de treinta años, pero sería difícil separarla por completo de mi propia evolución personal.
A lo largo de este tiempo he estudiado, trabajado, enseñado y seguido aprendiendo. También he cambiado mi manera de entender a la persona y de comprenderme a mí misma.
Comencé muy cerca del cuerpo. La formación en masaje terapéutico, rehabilitación y otras disciplinas relacionadas con el bienestar y la salud me permitió conocerlo desde la práctica y desde el contacto directo con las personas. Mi trabajo durante años en el ámbito sanitario añadió una experiencia que ningún estudio podía ofrecer por sí solo: estar cerca de realidades, necesidades y formas muy diferentes de vivir un proceso.
Con el tiempo comenzaron a interesarme otras dimensiones de la experiencia humana. Las emociones, la comunicación, el comportamiento, el símbolo, la consciencia, los vínculos y, más adelante, la historia familiar fueron ampliando las preguntas que me hacía y también las respuestas que estaba dispuesta a revisar.
Así fueron llegando nuevas formaciones y nuevos campos de estudio. Coaching, PNL, Inteligencia Emocional, comunicación no consciente, Terapia Regresiva, Psicoterapia aplicada a la Terapia Regresiva, Neurociencias, mirada sistémica y transgeneracional, constelaciones familiares con muñecos y Biomagnetismo forman parte de ese recorrido. También el Reiki, el Tarot y la Quiromancia han estado presentes en diferentes etapas de mi acercamiento al símbolo y a otras formas de observar la experiencia humana.
Pero mi recorrido no ha consistido únicamente en incorporar conocimientos.
Yo también he ido cambiando con aquello que aprendía.
He tenido que revisar maneras de entenderme, integrar experiencias, hacerme nuevas preguntas y aceptar que comprender algo no significa haber terminado con ello. Hay comprensiones que necesitan tiempo para encontrar su lugar y otras que modifican la manera en que miramos lo vivido mucho después.
Esa experiencia personal no me proporciona respuestas sobre la vida de otra persona. Me ha enseñado algo que considero mucho más importante: cada proceso tiene su propio ritmo y cada persona necesita encontrar su propia forma de comprender e integrar lo que vive.
Por eso hoy entiendo a la persona de manera integral. El cuerpo, las emociones, los pensamientos, la historia vivida, los vínculos y el sistema familiar pueden formar parte de una misma experiencia y expresarse de maneras diferentes.
Mi trabajo parte de esa mirada. Escuchar qué está ocurriendo, comprender el momento en el que se encuentra la persona y acompañarla desde ahí, respetando su proceso y su evolución.
Todo lo que he desarrollado posteriormente —Árboles... Un Mundo de Emociones, El Latido y el Sistema MI ÁRBOL— también forma parte de esta evolución. No surgieron como un punto de llegada, sino como nuevas formas de dar expresión a una búsqueda que continúa.