
Comprender lo que hoy te ocurre puede requerir acercarte a experiencias que dejaron una huella.
Hay situaciones que puedes comprender racionalmente y que, sin embargo, continúan afectándote.
Sabes lo que te ocurre. Quizá reconoces cuándo aparece, qué lo desencadena o cómo influye en determinados aspectos de tu vida.
Pero entenderlo no siempre cambia lo que sientes.
El punto de partida es siempre tu presente: aquello que te está ocurriendo, cómo lo estás viviendo y qué necesitas comprender.
Durante una sesión de Terapia Regresiva permaneces despierto y consciente. Una emoción, una sensación corporal o una palabra pueden llevarte hacia imágenes,
recuerdos, escenas u otras experiencias que van apareciendo a lo largo del proceso.
Mi papel es acompañarte durante esa experiencia, ayudándote a profundizar en lo que va surgiendo y a mantener el vínculo con el motivo que te ha llevado a consulta.
A medida que avanzas, puedes expresar lo que estás sintiendo, reconocer lo que esa experiencia despierta en ti
y comenzar a comprender qué relación puede tener con aquello que estás viviendo en el presente.
Una mirada que se ha ido ampliando
Mi forma de trabajar es el resultado de muchos años de experiencia, formación y también de evolución personal. Cada etapa ha incorporado una perspectiva nueva sobre algo que siempre me ha interesado: comprender al ser humano en toda su complejidad.
Por eso, cuando acompaño una Terapia Regresiva, no observo únicamente lo que aparece durante la regresión.
Tengo presente a la persona que lo está viviendo, su momento actual, su historia y la forma en que esa experiencia se manifiesta en ella.
Mi formación me permite contemplar diferentes aspectos de un mismo proceso y establecer relaciones que pueden ayudar a comprenderlo con mayor profundidad.
Y hay algo que los años también me han enseñado: comprender no siempre significa resolver de inmediato. Hay experiencias que necesitan tiempo para ser asimiladas y encontrar su lugar.
Ese tiempo también forma parte del proceso.